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Las 45.000 ‘ovejas lojeñas’ de la zona de Loja, Alhama de Granada y Zafarraya no tienen quien las esquile

20 abril, 2020
Cuando terminen las parideras y llegue el calor comenzará la esquila de las ovejas en la Sierra de Loja (Granada) si la cuarentena lo permite, porque las restricciones en la movilidad de los temporeros han impedido a ganaderos y pastores contratar a esquiladores -vienen principalmente de Uruguay- para desnudar a estos rumiantes de sus frondosos vestidos.

Cuando terminen las parideras y llegue el calor comenzará la esquila de las ovejas en la Sierra de Loja (Granada) si la cuarentena lo permite, porque las restricciones en la movilidad de los temporeros han impedido a ganaderos y pastores contratar a esquiladores -vienen principalmente de Uruguay- para desnudar a estos rumiantes de sus frondosos vestidos.

La crisis sanitaria obliga a los ganaderos a recurrir a la escasa mano de obra nacional que hay en este «oficio artesanal», con lo que el «pelado» de los animales es más que probable que se retrase, lo que podría afectar a la salud y bienestar de estos animales.

Un problema más a la maltrecha ganadería extensiva que vive un futuro incierto, explica el sector. Juan Antonio Moreno tiene en plena Sierra de Loja un paraje de alta montaña agreste donde la raza autóctona de la oveja lojeña se encuentra cómoda.

La esquila ya ha comenzado en otras provincias como Córdoba, Sevilla, Málaga o el Levante, sin embargo, en esta zona de la provincia de Granada de alta montaña, el esquileo comenzará en unos meses cuando se vaya el frío: «Si esquilamos antes a los animales se podrían resfriar«, advierte este ganadero. Juan Antonio Moreno teme que la esquila se demore más de la cuenta por la ausencia de esquiladores uruguayos: »No es un trabajo que guste porque se hace arrodillado durante horas y se pasa mucho calor«, reconoce.

Cuando terminen las parideras y llegue el calor comenzará la esquila de las ovejas en la Sierra de Loja (Granada) si la cuarentena lo permite, porque las restricciones en la movilidad de los temporeros han impedido a ganaderos y pastores contratar a esquiladores -vienen principalmente de Uruguay- para desnudar a estos rumiantes de sus frondosos vestidos.

La crisis sanitaria obliga a los ganaderos a recurrir a la escasa mano de obra nacional que hay en este «oficio artesanal», con lo que el «pelado» de los animales es más que probable que se retrase, lo que podría afectar a la salud y bienestar de estos animales.

Un problema más a la maltrecha ganadería extensiva que vive un futuro incierto, explica el sector. Juan Antonio Moreno tiene en plena Sierra de Loja un paraje de alta montaña agreste donde la raza autóctona de la oveja lojeña se encuentra cómoda.

La esquila ya ha comenzado en otras provincias como Córdoba, Sevilla, Málaga o el Levante, sin embargo, en esta zona de la provincia de Granada de alta montaña, el esquileo comenzará en unos meses cuando se vaya el frío: «Si esquilamos antes a los animales se podrían resfriar«, advierte este ganadero. Juan Antonio Moreno teme que la esquila se demore más de la cuenta por la ausencia de esquiladores uruguayos: »No es un trabajo que guste porque se hace arrodillado durante horas y se pasa mucho calor«, reconoce.

Por eso, teme que los «barberos» de los alrededores no den abasto con las más de 45.000 ejemplares de la oveja lojeña, una especie autóctona en peligro de extinción que es criada por un puñado de ganaderos de localidades como Loja, Salar, Alhama de Granada, Zafarraya y otros puntos de Andalucía.

La primavera ha llegado con algunas lluvias y el pasto comienza a extenderse como una alfombra entre los almendros y los riscos de la sierra: «Afortunadamente podemos sacar a pastar a las corderillas y reducir el consumo de pienso ecológico«, explica Moreno, que preside la asociación de ganaderos de la oveja lojeña.

Hasta la llegada de la pandemia, el cordero lojeño se vendía como una delicatesen en establecimientos especializados en forma de embutidos, jamones, salazones e incluso productos de quinta gama en Francia, Libia y Estados Unidos. En apenas un mes, el cordero se ha convertido en un producto gurmé sin demanda.

«Los corderos no se venden», lamenta Moreno, a quien la crisis sanitaria le ha sorprendido con más de 700 animales preparados para su consumo: «No hay ventas salvo pedidos muy puntuales y a los animales hay que seguir cuidándolos, realizándoles sus controles sanitarios y alimentándolos«, afirma contrariado.

Además de la primavera, que traerá pasto a su rebaño, los ganaderos de la ovino lojeña tienen las esperanzas puestas en el Ramadán. «Para la fiesta del Cordero, a finales de junio, hemos apalabrado un envío a Marruecos», explica Moreno, que confía en que el mercado árabe y los países del Golfo, importantes consumidores de cordero, reactiven las ventas. La explotación de Juan Antonio tiene un millar de ovejas, y dos pastores le ayudan en el cuidado del ganado.

Ha llegado la época de las parideras y pronto la cabaña se incrementará con nuevos corderos. Y «¿qué hacer con ellos?», se pregunta contrariado. Los ganaderos están acostumbrados a sacar adelante sus explotaciones en momentos difíciles gracias a su ingente esfuerzo y al continuo cuidado de sus animales. Aunque esta vez solo les queda esperar pacientemente una mejoría de la situación para que sean sus ovejas, y no ellos, quienes salgan trasquilados.