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La jatareña María Trescastro y Evaristo Correal, los últimos caseros de los García Lorca en la Huerta de San Vicente.

28 julio, 2020
La familia Correal Trescastro, María Trescastro (n. Játar) y Evaristo Correal: los últimos caseros de la Huerta de San Vicente, último hogar de Federico García Lorca.

Fotografía de portada: foto tomada en 1987 por Manuel Díaz Martínez. Manuel Días aparece con María Trescastro, cuidadora de la casa, entonces propiedad de Isabel, hermana de Federico García Lorca. Frente a la puerta aparece el enlosado original, anterior a la remodelación actual.

La familia Correal Trescastro

En 1965 la familia García Lorca, retornada a España tras su exilio, se instaló de nuevo en la Huerta con los caseros Evaristo Correal y María Trescastro, cuya vivienda reformaron y a la que añadieron un cuerpo nuevo, a modo de cuadra y almacén, que sería derribado en 1991. Se restauraron las acequias, se simplificaron los cultivos y se incorporó el tractor para la roturación de las tierras, entre otras novedades.

Los García Lorca y los Fernández-Montesinos, sobre todo Manuel, venían con frecuencia, aunque no solían quedarse más que unos pocos dias. La relación con los Correal Trescastro era entrañable y fraterna, una cariñosa complicidad sostenida a lo largo del tiempo, como muestran las fotografías de sus álbumes o la correspondencia entre los niños Claudio de Casas y Tico Correal, quienes compartían edad, confidencias y travesuras. La Huerta de San Vicente empezaba a ser conocida y estudiada, sobre todo a partir de su relación con los sucesos de 1936. Algunas habitaciones de la casa se habían musealizado y era María Trescastro la que solía mostrarlas a un número creciente de visitantes. En febrero de 1975, en plena batalla por impedir que un plan urbanístico demoliese la Huerta, Francisco García Lorca anunció públicamente la intención de la familia de convertirla en museo.

Este periodo es complejo y fecundo en acontecimientos. La Huerta de San Vicente se había convertido en lugar de memoria, en santuario lorquiano, y a la par que sufría una creciente presión urbanística aumentaban las proclamas para protegerla. En 1980 se le incoó expediente de declaración de monumento histórico-artístico; en 1985 pasó a ser propiedad municipal; entre 1987 y 1990 se construyó, en medio de una gran polémica ciudadana, la autovía de circunvalación que discurría a pocos metros de la casa; entre 1991 y 1993 se construyó a su alrededor el Parque Federico García Lorca.

Rafael Correal Trescastro en la placeta de la Huerta de San Vicente, 1972. Colección Rafael Correal Trescastro
Extracto de “La huerta de San Vicente / Antonina Rodrigo”
Foto tomada en 1987 por Manuel Díaz Martínez. Manuel Días aparece con María Trescastro, cuidadora de la casa, entonces propiedad de Isabel, hermana de Federico García Lorca. Frente a la puerta aparece el enlosado original, anterior a la remodelación actual.

HUERTA DE SAN VICENTE

Casa de verano de la familia de Federico García Lorca en Granada

La finca llamada “Huerta de San Vicente” fue adquirida en el año 1925 por el padre de Federico García Lorca. Fue la residencia de verano de la familia desde 1926 hasta 1936, año en el que se produjo el levantamiento militar que dio lugar a la guerra civil española. De esta casa salió Federico para buscar refugio en la vivienda de sus primos José y Luís Rosales, en la que será detenido y conducido posteriormente al Gobierno Militar del que saldría para ser fusilado. Se tiene constancia de su existencia  desde el siglo XIV a través de distintos documentos. Con anterioridad se había llamado “Huerto de los Mudos” y “Huerto de los Marmolillos”. Cuando Federico García Rodríguez la adquirió para regalársela a su mujer, Vicenta Lorca Romero, se le puso el nombre  por el que  se la conoce actualmente en honor al santo de su madre.

Tiene dos viviendas, dedicadas una para la ocupación de los sirvientes y otra para los dueños. Fue remodelada por la familia del poeta. Se hizo en la entrada una amplia sala de estar presidida por un gran espejo que recogía la luz del exterior y daba sensación de mayor espacio. A la derecha se ubicó un pequeño despacho con una zona dedicada al piano. La zona superior se dedicó a los dormitorios y el cuarto de baño.

Se entraba en ella a través de un camino lleno de árboles frutales, con rosales y granados. Un enorme nogal daba sombra en la entrada. Había también un níspero, varios cipreses, uno de ellos sembrado por Federico y una palmera. Un gran macasar de enorme tamaño aromatizaba, con higueras y jazmines, todo el entorno. Las vistas sobre la Alhambra y Sierra Nevada la convertían en una finca ideal para los días de asueto.

En la fachada había varios poyetes que servían para asientos y soporte de macetas con geranios y próxima a la casa corría una acequia con agua procedente del río Genil. Su interior fue remodelado en varias ocasiones, siendo quizás la reforma más notable la que convirtió la cochera en un espacioso comedor ubicado bajo la terraza, con un amplio ventanal.

Así describe sus recuerdos en la Huerta de San Vicente Isabel García Lorca, hermana de Federico:

 “Enfrente de la puerta de entrada estaba la escalera, con una gran ventana ojival, algo pretenciosa para una huerta, que nos hizo mucha gracia. […] En el piso de arriba se mantuvo la solería que había y que se ha conservado. Subiendo a la derecha estaba el cuarto de las muchachas; al fondo un retrete y el cuarto de Federico; enfrente de la escalera, el cuarto de Concha y mío y el cuarto de mis padres; los tres del mismo tamaño. A la izquierda había un improvisado cuarto de baño, llamémoslo así. Entonces no había en las huertas agua corriente. En el cuarto de baño había un tocador negro con un mármol blanco, un espejo más bien grande con marco negro y dorado, un lavabo grande y un baño redondo de cinc, con adornos, pintado de rojo, restos de un artilugio increíble que compró mi padre para baños de regadera, donde nos bañábamos como en los cuadros de los impresionistas franceses. Una cómoda grande con sábanas y toallas. Este cuarto daba a la terraza, a la que salíamos mucho.

En verano la casa era fresca, pues tenía muros muy gruesos, y a las doce de la mañana había que entrar en ella y salir a la puesta de sol. Pero las mañanas las recuerdo deliciosas. En la cocina había una tinaja bastante grande que se llenaba cada dos días y había lo que se llamaba una cantarera, con dos cántaros grandes que se llenaban de agua que nos traían en un borrico, desde la famosa fuente del Avellano. A la izquierda, cubierta por un jazmín que llegaba a los balcones, una habitación que era comedor y otra que era el cuarto de Paco, y enfrente la cocina. Junto a la casa, a la izquierda, se hizo primero un garaje y encima una preciosa terraza. Pronto pensamos que al coche no le pasaba nada por quedarse fuera, ni se veía ni estorbaba, por lo que pasó de garaje a comedor, con dos grandes ventanales, y quedó una habitación bastante espaciosa y agradable.

Yo, en aquella terraza y en la ventana, me pasaba grandes ratos oyendo el ruido de la acequia que pasaba junto a mi ventana, al olor de la gran higuera. Los pasos lentos de algún huertano que decía siempre: “Buenos días nos dé Dios” […] La Huerta de San Vicente en aquellos tiempos tenía una vista maravillosa […] Veíamos la sierra, el Albaicín, la ermita de San Miguel y la Alhambra, la torre de la Vela, la muralla de San Cristóbal, y estábamos entre el verdor de la vega. Muchas noches, sobre todo cuando Federico y Paco no salían, nos sentábamos en la terraza, a veces con jerseys y hasta con mantas, charlando y viendo las estrellas, sin luz ninguna. […]

Teníamos un gramófono y Federico ponía muchos discos de música clásica, sobre todo de Bach y Mozart, y cante jondo. […] Hay que decir que si él no pedía silencio, nosotros también sufríamos su insistencia en oír una y otra vez la misma música. Federico se encerraba en su cuarto largas horas, pero aparecía al menor reclamo. No se perdía visita. Si venía gente del campo a ver a mi padre, Federico bajaba y estaba presente, siempre callado; él, tan hablador, tan brillante hablador, había muchas ocasiones en que estaba totalmente en silencio. Sin duda porque algo estaba aprendiendo. Un día un campesino contó a mi padre los problemas de su hijo, y Federico dijo: “Qué maravilla, cómo lo ha contado”. […]

Isabel García Lorca, Recuerdos míos (Madrid, 2002)

Fuente: www.huertadesanvicente.org

 

RECORRIDO FOTOGRÁFICO

Acceso por una fachada lateral,  desde la entrada principal del Parque Federico García Lorca (Granada)

Fachada lateral con la terraza en la que fueron fotografiados personajes como el escritor Agustín Penón

Agustín Penón fotografiado en la casa de Lorca.

El edificio corresponde al modelo de casa veraniega típica de la vega de Granada.

Fachada posterior del edificio. Próxima al río Genil, estaba rodeada de jardines y huertas.

Detalle del cerramiento de la la terraza y chimenea de ladrillo visto.

La vivienda de recreo tenía  vistas a la Alhambra y Sierra Nevada. 

Bajo la terraza, en la antigua cochera construyeron el comedor familiar.

García Lorca frente a ese rincón de la fachada.

Ventana del comedor en la fachada principal. Sobre ella puede leerse la placa con la dirección.

Detalle de la placa en la que consta la dirección de la casa.

Fachada principal con la entrada a la vivienda y ventanas del recibidor y del comedor.

En el piso superior, balcones de los dormitorios.

Rodeada de huertas y árboles frutales, frente a la puerta principal se abría un espacio ajardinado.

Delante de la puerta principal era costumbre poner sillas y hamacas para disfrutar de los momentos de asueto.

La familia de García Lorca frente a la entrada de la casa.

La casa constaba de dos módulos de vivienda diferenciados. El señorío y una casa adosada para los criados.

Aspecto de los dos módulos de la casa. En primer plano, la vivienda principal.

Fachada principal de la vivienda. Macetas con geranios servían de ornamento. 

Fachada de la vivienda ocupada por los sirvientes de la familia García-Lorca. 

Actualmente es Centro de Información, tienda y Biblioteca.

Vista de los dos módulos de la vivienda. Actualmente sólo pueden visitarse algunas habitaciones correspondientes al señorío.

   

Otros aspectos de la casa adosada, destinada al alojamiento de la familia encargada de cuidar la finca.

Fachada principal de la casa de verano.

A pocos metros, en el centro de Granada tenían la vivienda  que ocupaban el resto del año.

A la izquierda de la puerta principal se encuentra la ventana que da al cuarto de estar y a la sala de música. A su derecha, ventana del distribuidor o antesala y junto a ella, en primer plano, la ventana del comedor de la que fuera antigua cochera.

   

Federico con su madre en el recibidor de la vivienda. Al fondo, el comedor.

Federico con su madre en otra fotografía de la misma serie.

Un aspecto diferente del recibidor, con distinto mobiliario.

  

Comedor y cocina.

Entre fogones, Federico charlaba con las criadas. Las formas de su lenguaje le inspiraba para la creación de sus personajes.

        

Sala de música con retrato de Federico presidiendo la estancia.

Junto al sofá, gramófono en el que el poeta gustaba escuchar música clásica.

Puerta principal de la casa, con las ventanas del cuarto de música (izquierda) y del zaguán (derecha).

Puerta principal con hornacina para alojar la imagen de San Vicente.

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1.- Detalle de la hornacina. La imagen fue robada del lugar en el que había permanecido durante muchos años.

2.- Foto tomada en 1987 por Manuel Díaz Martínez.

Manuel Días aparece con María Trescastro, cuidadora de la casa, entonces propiedad de su hermana Isabel.

Frente a la puerta aparece el enlosado original, anterior a la remodelación actual.

Sobre la entrada principal se ubicaba el balcón del dormitorio principal.

Parte superior de la vivienda principal. A la izquierda, el balcón del dormitorio de Federico García Lorca.

En la parte superior de la vivienda estaban los dormitorios. Sobre la puerta se ubicaba el principal, utilizado por el padre y la madre del poeta. A la izquierda, el de Federico y a la derecha el de su hermana Isabel. 

Balcón del dormitorio de Federico, con vistas a la huerta y Sierra Nevada.

   

Interior del dormitorio de Federico García Lorca. Apoyado en su escritorio, posa delante del cartel de La Barraca.

    

Escritorio de Federico García Lorca.

Gilbert & George en la pequeña cama de Lorca retratados para la exposición “Everstill”.

 

¿Don Alambro escuchando a Federico al piano?

Uno de los muchos gatos que hay en la Huerta de San Vicente.

la-huerta-de-san-vicente

Fuentes y bibliografía:

http://www.culturandalucia.com/FEDERICO_GARCIA_LORCA/Federico_Garcia_Lorca_HUERTA_DE_SAN_VICENTE.htm

https://www.jatar.city/wp-content/uploads/2020/07/la-huerta-de-san-vicente.pdf